Hola de nuevo, luego de tres años, confirmo que el guionista de mi vida se ríe de mí constantemente. A veces estoy bien, y olvido de disfrutarlo realmente, para que cuando todo se da vuelta al menos me quede la satisfacción de haber vivido de la mejor manera. Pero no puedo desconectar mi mente, maldita ansiedad y otras frutas.
¿Sabían que vivimos luchando día a día para sobrevivir a la gran pandemia de la soledad? Yo la peleo, seguro ustedes también, pero es cada día más difícil salir ileso. Todas las condiciones del universo suelen jugar en nuestra contra, dichosos aquellos que saben jugar el juego.
Anita y Mia ya no son mis mejores amiga, tampoco tengo, las perdí a todas en el mágico camino hacia al abismo. Tengo un increíble coqueteo con el autosabotaje, en lo único que me especializo. Mi tipo de apego conflictivo aleja a las personas, o si ellas se acercan demasiado me ahogan y yo corro en dirección contraria, de alguna manera ya me acostumbré a vivir sola.
Sinceramente me encantaría encontrar un compañero de vida, con quien viajar, proyectar y quizás acompañar hasta el final de nuestras vidas, pero hago todo lo opuesto. Los años de terapia, pastillitas del olvido y los narcóticos me muestran el lado b de cada situación, pero no es el correcto.
Llevo la etiqueta de la frustración a cuestas, de hecho me alejé de personas por ella. Este año me estaría dejando un fuerte sabor agridulce, aunque han pasado pasado más cosas malas que buenas, el estar aquí contándolo me da alivio.
Si llegaste hasta aquí te agradezco, y si te identificas dejame un susurro, te lo responderé. Gracias.

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